Información sobre Surinam
Es un país altamente multiétnico y pluricultural de 400 mil habitantes. Fue colonia holandesa hasta 1975. La población indígena se estima entre 22 y 25 mil habitantes que pertenecen especialmente a los pueblos Kari'-a (Caribes), Lokono (Arowakos) y Tareno (Trio), que son los más numerosos.
Los pueblos Wayana, Akurio, Wai-Wai, Okomojana, Sikijana, Katujana, Mawajana, Alamajana y Sakykta se encuentran al sur del país, en la frontera con Brasil, Guyana y Guyana Francesa y se los conoce como "Amerindios de las Tierras Altas". Los Kari'-a y Lokono viven al norte y se los llama "Amerindios de las Tierras Bajas". Una tercera parte de esta población vive en la capital Paramaribo. En Surinam, además, viven los Maroons, un pueblo tribal de afro descendientes.
La mayoría de comunidades viven de manera tradicional; se dedican a la agricultura, a la caza, la pesca. También tienen sus propias estructuras gubernamentales, con un jefe y un "Consejo" de la aldea.
El proceso organizativo
La lucha por los derechos de estos pueblos ha avanzado mucho desde la guerra civil de 1986 - 1992, en la que participaron los Pueblos Indígenas como un grupo independiente. Luego de las elecciones de 1991, que llevaron por primera vez en dos décadas a un gobierno civil al poder, se firmó un acuerdo de paz entre el gobierno de Surinam de una parte y el grupo guerrillero Tucajana Amazones y el pueblo Maroons, de la otra.
OIS fue establecida en 1992 luego de la firma este acuerdo. En él, el gobierno se comprometió a emprender los debates para la ratificación del Convenio 169 de la OIT y demarcar territorios para los Pueblos Indígenas y Maroons. Nada de esto se ha hecho realidad y esto ha merecido la oposición de los Pueblos Indígenas.
El Consejo de Desarrollo Interior, restablecido formalmente en 1995, da cabida a representantes indígenas, lo que no ha impedido los problemas en la medida que esta instancia está relacionada de manera dependiente con el Ministerio de Desarrollo Interior cuyas acciones han sido duramente criticadas por el movimiento indígena.
Los Maroons comparten muchos de los problemas y por esta razón, ellos y los Pueblos Indígenas se reúnen en el Grankrutu, una amplia asamblea en donde se definen políticas y estrategias de acción para ambos sectores.
Sus derechos en la constitución e instrumentos internacionales
Surinam se encuentra entre los pocos países del hemisferio occidental que no ha reconocido en la constitución a los indígenas como Pueblos, sujetos de derechos colectivos y poseedores legales de sus tierras y territorios ancestrales. Tampoco ha ratificado el Convenio 107 o el 169 de la OIT. Aparte de unas pocas leyes que refieren a "los intereses de las aldeas del interior", cuando hay actividades madereras o mineras en esas áreas, no existe reconocimiento de sus derechos.
Debido al aislamiento geográfico y lingüístico de Surinam, los procesos y los temas relativos a los Pueblos Indígenas, el medio ambiente, la biodiversidad y los derechos de propiedad intelectual son relativamente desconocidos. Surinam ratificó el Convenio sobre la diversidad biológica en 1995, pero todavía no se ha hecho mucho al respecto a escala nacional.
Los problemas para los Pueblos Indígenas
La economía de Surinam atraviesa grandes dificultades, por lo que se ha acentuado la presión sobre los recursos naturales de la Amazonía. Desde 1994, los Pueblos Indígenas se han opuesto sistemáticamente a los intentos del gobierno de entregar en concesión más de un millón de hectáreas de tierras, la mayoría de las cuales hacen parte de los territorios ancestrales indígenas.
Las actividades mineras y madereras en los territorios indígenas han dejado consecuencias nefastas. Se estima que desde 1993, dos y medio millones de hectáreas fueron abiertas a la explotación mediante contratos y concesiones a diferentes empresas foráneas. Un gran número de compañías canadienses ha negociado el acceso a áreas localizadas en la Amazonía, aprovechando la frágil legislación minera y ambiental. Esta situación ha generado innumerables conflictos, pues Surinam no reconoce ningún tipo de derechos indígenas, lo que los sitúa en una posición muy débil en las negociaciones con las industrias extractivas.
Otra tendencia preocupante es la búsqueda de plantas medicinales por varias compañías farmacéuticas transnacionales, en colaboración con Conservación Internacional, que no reconoce los derechos indígenas sobre sus conocimientos tradicionales. La intención del gobierno de incentivar en la Amazonía el ecoturismo, sin contar para nada con la opinión ni la participación de los habitantes, también provoca temores. |