Según el análisis de la LEDA – UNIDAE, algunas de las causas que inciden en las dificultades que experimentan jóvenes indígenas para acceder a la formación profesional son, entre otras, las siguientes: no hay competencias básicas que les permitirían lograr los resultados que establecen los exámenes de ingreso y esto se atribuye a una deficiente educación básica y media. Para quienes logran ingresar, tales carencias van a limitar su posibilidad de acceso a los contenidos disciplinares propios de las carreras, generando reprobación y deserción. Otro es que los jóvenes y sus familias no están en posibilidad de sostener los estudios, debido a su limitada capacidad económica. Numerosos jóvenes de las diferentes nacionalidades presentan, además de lo señalado, dificultades de comunicación y problemas de contacto y comprensión de las situaciones en las que se desarrollan la educación superior “tradicional” y un último problema se debe a los ambientes de aprendizaje, particularmente en las interacciones con otros sujetos (profesores) expresan actitudes poco favorables hacia estos estudiantes.
En este sentido hay una necesidad de que los nuevos procesos formativos sean diseñados y su actualización debe implicar la revisión y el eventual replanteamiento del espacio en el que se desarrolla, desde el punto de vista de la teoría y práctica de la construcción de las propuestas educativas, se expresan tanto las intenciones como las formas de hacer en este campo: el currículo.
El currículo, en consecuencia, desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de las instituciones educativas, ya que es a partir de él que se define la orientación y for-mas de hacer de éstas, incidiendo tanto en los contenidos de formación y la práctica docente, como en la estructura organizativa y las interacciones con el entorno que llevan a cabo para cumplir sus funciones. Igualmente es el espacio en el que, de manera implícita, se trasmiten, consolidan y modifican actitudes, valores y pautas de comportamiento, por lo que debe considerarse también en los nuevos procesos de planeación curricular, particularmente en situaciones donde las dimensiones ideológico-políticas desempeñan un papel básico.
En las condiciones actuales de operación de los planes de estudio de todos los niveles, incluido el de educación superior, los estudiantes son sujetos sumamente dependientes de la modalidad de instrucción que propone el docente, están obligados a adquirir una gran cantidad de información y de conceptos sobre temas disciplinares muy diversos, a veces inconexos entre sí, muestran actitudes de gran pasividad y sumisión. Carecen de hábitos y estrategias que les permitan un desempeño autónomo o más independiente, con más posibilidades de autorregulación, a fin de insertarse en programas académicos flexibles, los cuales presentan características muy distintas a las de los planes de estudio tradicionales.