Como pueblos, en los miles de años hemos compartido la existencia con el medio ambiente, desarrollando un conocimiento profundo de la realidad y de sí mismos. Todo ese saber estaba dado para satisfacer sus necesidades. Los hombres y mujeres han tenido acceso a los conocimientos a través de la educación que las generaciones adultas desarrollaban para las nuevas generaciones. A esto le denominamos “conocimientos colectivos”. Pero, al mismo tiempo, algunos integrantes accedían a conocimientos altamente especializados, que es considerado de mucha importancia y por ello no lo transmitieron a todos sino a algunos sabios de las nuevas generaciones que cumplían ciertos requisitos personales y sociales. A este tipo de conocimientos especializados, casi secretos para la mayoría de las personas les denominamos Sabidurías Ancestrales.
Los Conocimientos Colectivos son todas aquellas informaciones que sirvieron a nuestra existencia para enfrentar las situaciones concretas de necesidades humanas. Así tenemos, los conocimientos relacionados a la caza, la pesca, la recolección, la agricultura, la artesanía, la metalurgia, la crianza de los hijos, la salud física y mental, la ocupación del tiempo libre, la música, la danza, la pintura, la preparación de los alimentos y su conservación; los vestidos, las fiestas, la reproducción humana.
Como conocedores del bosque, no procesamos esa diferenciación o especialización. En la amazonía crecimos manteniendo una baja diferenciación entre nosotros, razón por la cual conocemos de todo lo necesario para subsistir. Esta forma de desarrollo esta vinculada a la forma de ocupación del espacio amazónico, que no soporta grandes conglomerados de personas y requiere siempre un proceso de movilidad demográfica estacional y permanente. Por eso también, cuando en una comunidad crece demasiado la población, se hace necesario ampliar el uso del bosque; y aquellos que migran deben llevar todas las informaciones necesarios para reproducir..
Las Sabidurías Ancestrales, por su lado, son sapiencias vinculadas a conocimientos altamente especializados, que requieren de los sujetos que los adquieren determinadas dotes y condiciones. Las sabidurías vinculan el mundo real del bosque y el mundo espiritual del mismo. Por esta razón, las personas que pueden acceder a estas sabidurías de-ben demostrar, a través de ritos y exigencias muy fuertes, su fortaleza espiritual y física. Ninguna sabiduría especializada puede transmitirse a una persona que no es capaz de dietar un tiempo muy largo; de retirarse al bosque en absoluta soledad a convivir con él; de tomar las plantas sagradas y lograr la visión.
Como pueblos hemos tenido por ello una pequeña elite de sabios cuyas denominaciones y características han dependido de cada pueblo: En ashaninka, son los sheripiari; para los shipibo son los Onanya; en los Yine son Kahonxi; los Shuar los llaman Uwishin, y así cada pueblo denominan a sus sabios. Los que son los depositarios de nuestra memoria colectiva, transmitida de generación en generación a personas elegidas para esa tarea. Aunque pese a nuestros esfuerzos colectivos, estas sabidurías ancestrales se han ido perdiendo paulatinamente, en los últimos años, como consecuencia de los cambios que hemos aceptado involucrar y por muchas veces rechazamos a nosotros mismos, cuando a nuestras sabidurías ancestrales tildan de diabólica y de “brujos” y “demonios” a nuestros sabios, principalmente por los clérigos y pastores de las iglesias occidentales los que han alejado de estas sabidurías a los jóvenes y han hecho cada vez más difícil que los sabios transmitan sus sabidurías. Hoy, los intereses económicos en particular han vuelto sus miradas a estos conocimientos. Hoy se dan cuenta que estos conocimientos si pueden salvar a la humanidad de tantas enfermedades y desgracias producidas por la ambición y la confrontación con la naturaleza. Por esta razón, ahora más que nunca debemos apoyar todo esfuerzo por continuar la cadena o reponerla allí donde se haya roto, de transmisión de estos conocimientos que resultan alegrar nuestros dioses ancestrales, los ancianos poseedores de sabidurías y los conocimientos ancestrales y que no desaparezcan.