Si bien es cierto, que nosotros nos hemos organizado para defender nuestro territorio, nuestra autonomía y libre determinación, continuando el esfuerzo de nuestros ancestros, en esa dirección, no podemos ignorar los factores externos que amenazan alterar nuestros sistemas sociales de organización y de convivencia con la naturaleza. Al recuperar desde nuestra cosmovisión el concepto de la sostenibilidad humana, estamos retomando el camino y “Volviendo a la Maloca”. Al retornar, en el camino caemos con los cuentos que la convivencia con los otros sistemas socioculturales, han posibilitado que nos adentremos en su lógica e incluso incorporemos algunas de sus prácticas y valores, pero, eso no ha dado sentido a nuestras vidas. El vació principalmente espiritual que vivimos en la actualidad, es en gran medida resultado del abandono y de las enseñanzas y prácticas que guiaron a nuestros ancestros por los siglos.
En estos más de 500 años de convivencia directa e indirecta con los agentes del mundo occidental, aprendimos mucho, a tal punto de comportarnos como el cazador de jabalís del cuento de los Ayereo - de las tierras bajas de Bolivia. Cuentan ellos que: “a un hombre le gustaba cazar jabalís. A medida que su deseo por atraparlos crecía, se adentraba cada vez más en la selva. El no sabía que esa era la táctica de los animales para atraerlo y convertirlo en uno de ellos. Un día, lo llevaron tan adentro que el hombre volvió con su cuerpo cubierto de pelos”.(14) Algunas de nuestra actitudes sobre todo en el campo social y económico, revelan que estamos atrapados y muy adentro de la selva de piedra y convertidos en “hombres modernos” y poseedores de todas las miserias humanas.
“Volver a la maloca”, se torna oportuno y fundamental. Es volver a pensar y accionar sosteniblemente, identificando para tal lo que nos hace fuertes y lo que nos debilita, como pueblos indígenas. Nos hemos alejado de nuestros principios mayores, y sobre todo cuando nos encontramos en los centros urbanos, somos presas y caemos fácilmente en las trampas del poder económico y del individualismo. Con esas amarras, nos tornamos agentes suicidas en nuestros sistemas sociales y culturales. La vergüenza de ser lo que somos genera cambios en nosotros como personas y buscamos hacerle esto también a los demás.
Alejados de nuestro sistema socioeconómico y cultural, en lo cual no se permite que una persona trabaje para el usufructo de otro, en la actualidad hemos experimentado de tal forma de la relación social, donde que muchos de los jóvenes con tal de ganar un sueldo, dejan la vida comunitaria para tornarse agente del “desarrollo”. Volver a la Maloca es porque constatamos que casi todos nosotros en la Amazonía producimos para la economía de mercado y negociamos directamente con ella, sea a través de la venta de productos nuestros o externa. Y que la misma ha quebrado el sistema de reciprocidad – producción, distribución y consumo - ha alterado el uso de los recursos naturales y la forma de movilidad social y sobre todo el cambio en los patrones alimenticios.
Volver a la maloca es buscar y rescatar las enseñazas que equilibran la calidad, en la simplicidad, marca de la existencia sana de nuestros ancestros, es decir aprovechar de lo que el mundo occidental ofrece, sin abandonar valores y practicas sociales y culturales propios. Saber que la producción y el consumo son ejes que se articulan dentro del proceso de organización social y sirven para fortalecer las redes de intercambio de los miembros del grupo. Cada núcleo familiar en una comunidad son pequeñas unidades de producción y consumo. Pero, no se produce todo lo que se necesita, más se garantiza el abastecimiento de una canasta diaria de productos básicos por medio de las redes de intercambio, mantenidas por el sistema de reciprocidad. Volver a la Maloca es constatar que a pesar de todos los cambios, este sistema sigue vigente en los pueblos, incluso entre aquellos que viven en los centros urbanos.
Volver a la maloca es entender que no es posible discutir relaciones entre actores sociales que están presentes en el mercado, sin hacer diferencia entre ellos. Nosotros tenemos una dinámica propia de asimilación y de participación en los intercambios comerciales tradicionales, y es con esa visión que nos acercamos a la economía de mercado, sea como mano de obra o como fornecedor de materia prima, sin embargo la lógica del mercado a la que nos incorporamos no es de reciprocidad, es de explotación. Por lo tanto atrapados por un patrón de consumo de lo cual tenemos poca chance de escapar y en desventaja tecnológica, lazamos la mano de los que estan más cerca, los recursos naturales y nuestra propia vida cotidiana. Los dos se tornan mercancía. Los recursos naturales para la venta en gran escala; y la nuestra vida cotidiana es explotada como entretenimiento para los turistas “solidarios”. Así abrimos nuestras comunidades para actividades comerciales como el ecoturismo, cuyo resultado más drástico es el abandono de nuestras tareas diarias de continuidad para tornarnos mano de obra para el mercado del entretenimiento.
Nuestra vidas comunitarias fueron miradas como ociosas y esa ociosidad era la causa de nuestra pobreza material, así lo fundamental era tornarnos en el menor espacio posible, seres productivos y que de forma urgente deberían participar en el mercado, y no en los patrones justo de equilibrios sociales – mas justo - porque era el único que ofrecía mayor ventaja y en poco tiempo la posibilidad de mayores ingresos y luego seriamos ricos y lógicamente saldríamos de la miseria en que nos encontrábamos. Participar en el mercado internacional era la gran salida, incluso para muchas comunidades que nunca habían manejado billetes y su relación con el comercio local era hasta entonces, esporádica y basada en sistema de trueque. Evidentemente que para atender tal exigencia, se necesitaba asistencia técnica y así fuimos invadidos por un grupo de personas que jamás habían estado con nosotros y pasaron a “enseñarnos” de todo. Se multiplicaron los famosos proyectos productivos comunitarios y las cooperativas de comercialización. El resultado de todo este proceso hoy día fue, mayor dependencia de los productos manufacturados; dependencia de recursos externo para todo tipo de actividades comunitarias y sin duda el debilitamiento de nuestro patrón sostenible. Lastimosamente, nuestros “aliados” nos miraban, pero no nos veían.
Volver a la maloca es retornar hacia nosotros mismo, es valorar aún más el saber ancestral, la relación armoniosa con el medio. Es sentir el placer en la danza que enlaza el cuerpo y el espíritu, es proteger nuestras sabidurías, tecnologías y sitios sagrados. Es sentir que la maloca esta dentro de cada hijo del sol, del viento, de las aguas, de las rocas, de las árboles, de las estrellas y del universo. Es no ser, un ser individual y sino colectivo, viviendo en el tiempo circular del gran retorno, donde el futuro esta siempre atrás, es el porvenir, el presente y el pasado delante de uno, con las enseñanzas y las lecciones individuales y colectivas del proceso de vida inmemorial. Es lo que esta haciendo COICA visible en la Agenda Indígena Amazónica, retornando a nuestra gran maloca que es la Amazonia y los pueblos que la constituimos.