La globalización económica, consecuencia de políticas mercantilista que se extienden por el planeta, han impuesto y continúan aplicando procesos crueles de explotación ambiental y humana, cuyas consecuencias son la inequidad progresiva, la violencia y la guerra. Los gobiernos latinoamericanos justifican la introducción de medidas de inspiración explotadora y excluyente en áreas sociales, políticas y económicas, con el argumento de que son absolutamente necesarias para alcanzar el desarrollo y la democracia.
Los cambios estructurales resultado de este proceso, nos preocupan, sobre todo, cuando constatamos que la soberanía de los Estados es cada vez más débil sobre los territorios y la economía, y por la desaparición de valores y principios tanto humanos como espirituales, que garantizaron el equilibrio y respeto a la naturaleza (texto anterior).
Como modelo y política general, el llamado “Desarrollo Sostenible” se ha aplicado en casi todas las sociedades con una sola fórmula, visión y discurso. Es decir, el desarrollo sostenible, incluye “el desarrollo económico, con justicia social y conservación del medio ambiente”, tres variables irreconciliables de acuerdo al modelo actual de concentración de recursos y renta, y el nivel de consumo en los países del norte y de algunas elites sociales del sur, con relación a las oportunidades de ciertas camadas sociales del norte y del Sur. El sistema económico vigente en el mundo, promueve el desarrollo económico, sin considerar las demás variables. Con esa falsa visión y ese discurso, se vie-ne intentando vender como verdad que en el “Desarrollo Social” esta incluido la participación y distribución de los beneficios, sin mover una sola coma del modelo de desarrollo capitalista, ahora tildado de sostenible.
El sostenible no pasa de ser un discurso que hace confundir a la gente. Un discurso no es una descripción objetiva de la realidad sino más bien es en palabras de Arturo Escobar el reflejo de la lucha por definir la realidad en cierta forma y no en otra. Por lo tanto está siempre estrictamente ligado al poder, ya que produce ‘efectos de verdad’ (...) entra a participar en la producción de la realidad. Consecuentemente las percepciones y definiciones que lo conforman producen políticas e intervenciones que tiene impactos y efectos concretos en la vida de gente concreta y con la realidad social (11). Es lo que pa-sa con la Amazonía y su gente, porque los proyectos de desarrollo sostenible ejecutados en la región y con nosotros pueden tener buena intención desde sus perspectivas, pero aplican recetas que no respetan nuestra realidad y acaban generando resultados al igual que el cuento del Mono y del Pez (12).
Estamos sin duda alguna hablando de un concepto vacío y ambiguo, tal vez sea por eso que el llamado “Desarrollo Sostenible” fue acogido por todos los sectores económicos y sociales, incluso por nosotros. Que difícilmente se encuentra resistencia o cuestionamiento a las actividades de cualquier naturaleza, que tengan el adjetivo o etiqueta de “sostenible”, equivalente a “bueno para el consumo”, mientras que, a lo largo del tiempo se ha demostrado que esto es malo para la continuidad humana y ambiental.
Elevando a rango de “verdades” como todas las mitologías de la edad de la ciencia. La nueva Vulgata planetaria se apoya en una serie de oposiciones y equivalencias que se sustentan y responden, para desteñir las transformaciones contemporáneas de las sociedades desarrolladas, como la desactivación del compromiso económico del Estado y el refuerzo de sus componentes policiales y penales. La desregulación de los flujos financieros y desencajamiento del mercado de empleos, la reducción de las protecciones sociales y celebración moralizante de la “responsabilidad individual”.(13) Generando todo una justificación discursiva que sirve solamente a los intereses del sistema y sus fieles defensores, incluso los progresistas en los que el propio sistema llama de países en desarrollo, o tercermundistas.
l cuento del “desarrollo sostenible” distribuye de forma equitativa la responsabilidad en la salvación del planeta, lo que es una gran equivocación y una enorme irresponsabilidad. Nosotros durante miles de años hicimos uso de los recursos de la naturaleza y nuestro sistema social y económico sin explotar el ambiente de manera desordenada y para beneficio individual. La utilización estaba y esta determinada por la necesidad colectiva. Sin embargo, es probable que como integrantes de esta sociedad hidrocarburifera y capitalista, tengamos alguna responsabilidad en lo que los “expertos” denominan “el problema del deterioro ambiental”. Los datos, indican que hay sociedades como la norteamericana; europea y algunas elites sociales del sur y del oriente que juntas no su-man el 20% de la población mundial, que llegan a consumir el 80% de la energía generado en el mundo. Muchas de estas energías se originan en la Amazonía y todo su potencial sociobiodiverso.
Para nosotros es claro y evidente que son la desigualdad social, la acumulación y el acceso desigual a los bienes y servicios generados en las sociedades, los responsables por los problemas socios ambientales y su agravamiento. Lamentablemente se ha intentado cobijar estos problemas y decir que todos, de igual manera son responsables por los procesos del deterioro y el colapso ambiental. Nosotros en la Amazonía estamos esforzándonos para decir al mundo, que la explotación de nuestros ecosistemas, además de ser depredador, no ha generado más que contradicciones. Es decir, estamos en la región donde los recursos ahí existentes son de gran valor comercial. Y ofrecen mayor ventaja comparativa en el mercado internacional e incluso para algunos países hoy son sus mayores fuetes de ingresos como Estados. En contraposición los pueblos de los departamentos amazónicos en todos los países, sufren las mayores carencias especialmente en el área de servicios. El sector social es el más castigado, con la precariedad en la atención a la salud, educación, comunicación, y energía.
Transcurridas dos décadas, la COICA, habiendo sentido en carne propia el fracaso de los proyectos “sostenibles” aplicados sin criterios en nuestros territorios y los riesgos para nuestra continuidad física y cultural, pone mayor énfasis en sus criticas al modelo de desarrollo dependiente en auge en el mundo y en especial en los países sudamericanos. Al mismo tiempo, propone rehacer el hilo roto con la aplicación del modelo de “desarrollo sostenible” que no trajo los resultados que nosotros esperábamos: aumento del nivel de vida, respeto a nuestra identidad, protección de nuestras culturas y del ambiente donde vivimos, aplicación de nuestros derechos. Todo lo que hemos constatado, va en el sentido contrario.
COICA propone el concepto de Sostenibilidad Humana y como tal debe ser asumido en el discurso y la practica cotidiana de las organizaciones y de todos aquellos agentes que se encuentran desarrollando actividades con nosotros. Lo que sustituye el concepto de desarrollo Sostenible por la incapacidad del mismo en generar respuestas a sostenibilidad nuestra y de nuestros territorios.